jueves, 26 de marzo de 2009

instante fugazmente maravilloso

estabamos ahí juntos, en el león dormido, agotados por el trabajo, agobiados por el cansancio, alegres por el resultado y felices por las canciones, el tostado, la gente...y después el silencio paciente se fue quedando, junto a las tablas, junto a la tierra, junto a los aromas, junto al león que dormía...
cuando... nos cubrió despacito el crepúsculo, y luego la tibia noche, esperamos al viento, a la oscuridad infinita, al cálido sonido producido por las hojas, por el mismísimo susurro que se nos adelantaba rosandonos, envolviendonos; fue como si en un instante lo volviera a vivir
todo en una estrella fugaz de pensamiento loco, vivo y tan mío como de la noche que nos abrazó hace ya tiempo...
y entonces volví de súbito a la realidad del tránsito, de las filas, de las máscaras de la sociedad, volví a la espera que desespera, a la íntriseca memoria, a la vida que se parte como los tajos de un pastel, que nos debora cual bocado de Adán, volví al siglo XXI, a mi ventana entrabierta que deja a penas entrar la voz de alguien que pretende venderme algo, volví al dinero y a las frías manos...
quizá ahora entienda a los poetas, a los bohemios suicidas, o quizá entienda a mis compañeros, presos de la mala hierba, o quizá siga sin entender...

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